La premisa de inicio para que se abra la posibilidad de un encuentro, es estar ahí. Parece algo realmente obvio, pero no lo es tanto cuando se trata de encontrarse con aquello que se denomina psicosis. Frente a cualquier arquitectura conceptual y psíquica, proponemos siempre otra, la propia. En este contraste y según sobre que parámetros nos movemos se puede conectar de manera más rápida o más rápidamente quedar lo más lejos posible del discurso de nuestro interlocutor. Miedo, angustia, desconocimiento son factores que determinan la posibilidad del diálogo o más bien la concurrencia simultánea de dos monólogos. Asusta por lo general el miedo de lo que se siente, teniendo una noción de que lo que sentimos no lo elegimos, se siente y luego toca ver que hacer con ello. Dentro de lo que sentimos esta también aquello que nos transmiten los otros.
Siempre son barreras personales las que dificultan el acercamiento a al idiosincrasia de una fenomenología particular.
Para partir de la base en cualquier relación se toman las primeras interacciones existentes, sabiendo que la tendencia es a completar imaginariamente aquellos aspectos que no podamos ubicar en el momento. De aquí la dificultad en conocimiento acerca de las personas. Este modo de proceder resulta realmente importante englobado dentro de un encuadre terapéutico, no se trata de una relación cualquiera. Hay un motivo y unos objetivos. Dentro de estos primeros despliegues será interesante pode situar el material que hay en juego para trabajar. Existe una idea generalizada de empezar por lo que falta, ya que suele ser lo que más angustia, perdiendo la perspectiva de lo que ya hay.
Desde luego que no es conversar por conversar, no es un dialogo cualquiera, es un proceso de búsqueda de indicadores muy concretos sobre la experiencia vital de la persona. Esta desplegara mediante sus actos y sus palabras y la persona ubicada en la posición de analista intentará trabajar con aquello a partir de su experiencia personal en la vida y de su formación profesional.
Dentro del nivel de la relación hemos de tomar sus elementos constitutivos por un lado los actos, mientras que por el lado de la conversión tomamos los la lengua y el habla “la estructura misma del discurso psicótico, junto con el modo de diálogo del discurso que proponemos, constituyen una verdadera semiología en el sentido propio del término”.
Así estos indicadores o signos nos interesan no por su concreción a una referenciación de un estado o trastorno pensado en una dialéctica causa-efecto, sino más bien a su aspecto funcional dentro del contexto de los demás signos , donde incitan a buscar una red de significación. Para ello es necesario poder tomar esos signos tal y como se presentan sin relacionarlos a otros contextos (signos) que los del paciente (los propios por ejemplo) ya que esto nos aparta sustancialmente de la realidad clínica que se nos presenta. He aquí una importante dificultad ya que como sujetos a nuestra propia red de significaciones, estas se ponen en marcha automáticamente.
Otro aspecto importante a considerar es la aproximación a las psicósis en referencia al carácter objetivo de la experiencia de realidad, situando “la experiencia de realidad constituye un problema inherente a nuestra praxis y según la cual tal experiencia no es por naturaleza ni puramente objetiva ni puramente subjetiva” A partir de aquí esta la posibilidad de encuentro. El transitar por la experiencia barajando los elementos que nos acompañan, así como teniendo en cuenta los modos de funcionamiento que los determinan.
El compromiso atañe a las dos partes, del orden del analista a la hora de tener en cuenta los factores que se han indicado para que no imposibilite captar el código que se le transmite. Por la parte del sujeto esta la responsabilidad con respecto de su malestar y sobre todo la posición que el adopta sobre ello.
Zaragoza Abril 2007
David Gimeno Lanuza