TRANSFERENCIA EN LA PSICOSIS
He elegido este título porque creo que define en muchos casos la posición particular de la transferencia con este tipo de pacientes. Cuando con la neurosis tenemos un sujeto/paciente que hace una demanda al analista, a un Sujeto supuesto Saber, con la psicosis tenemos un Sujeto supuesta Certeza, un paciente que sabe y un analista que se pregunta.
Esto se puede apreciar en el discurso analítico que aparece en la mayoría de estas curas; es diferente, esta invertido. Mientras en la neurosis en el lugar del agente tendríamos al analista en posición de objeto que se dirige al sujeto/paciente, en la psicosis el paciente se sitúa en el lugar del agente y por tanto, en posición de objeto, y el analista queda como sujeto dividido.
El paciente en este lugar, de certeza, de objeto causa, causa de enigmas para el analista, habla, y habla de la interpretación que da a lo que le pasa. Interpretación que casi siempre estará mediada por el delirio, el cual es su saber, en el lugar de la verdad de su discurso.
En la mayoría de los casos el sujeto psicótico no hace una demanda, aunque algunas veces puede hacerla en los momentos anteriores a una crisis, en los que tiene sensaciones, se asusta, se angustia, no tiene explicación para lo que le pasa y presiente la”locura”.
Si finalmente se produce algún tipo de lazo en la cura, éste será que el analista forme parte de ese delirio, es decir, el analista es tomado en el delirio del paciente. Se denomina a esto erotomanía, y se puede decir que es la modalidad de la transferencia en las psicosis.1
Sería conveniente que el analista supiera de las características antes mencionadas para actuar en consecuencia y no provocar un brote. Para esto deberá saber que cuando entre a formar parte del delirio, es posible que haga la suplencia del Nombre del Padre durante un tiempo hasta que éste pueda evolucionar.
El delirio estabiliza al sujeto psicótico porque suple a la función paterna faltante, y esto se ve en la temática de los mismos, normalmente en torno a la figura de Dios.
Creará la función del padre con su delirio ya que, a diferencia de lo que ocurre con las neurosis, en que la función paterna debilitada es sostenida por el síntoma, en este caso no existe Nombre del Padre que sostener, esta forcluido, y lo tendrá que crear.
Esto es importante para la transferencia y el tratamiento, ya que esta función, la del
padre, al ser inexistente tendremos un serio problema cuando la abordemos, y más si queremos restituirla.
Al quedar anclado en un primer tiempo Edípico imaginario con la madre, ya que el segundo, de la interdicción paterna, está forcluido, y por tanto el tercero de la
Castración también, se puede apreciar una falta de anudamiento simbólico.
Lo real y lo imaginario, entonces, actúan de un modo no atemperado por lo simbólico, lo que provoca un goce imperativo, al que hay que intentar poner límites, contener.
El analista, como ya he comentado antes, puede hacer de esa función durante un tiempo, hasta que pueda encontrar un síntoma, o a veces también un amor, que mantenga anudados los tres registros.
Entonces lo que nos queda es una “ortopedia imaginaria”que cumple una función estabilizadora, y cuando ésta falla es cuando se puede desencadenar la psicosis.
Este soporte ortopédico que en la cura analítica recae sobre el analista, ya que el paciente encuentra en él un espejo en el cual mirarse, suele preceder al de la tranferencia erotomaníaca, antes comentada, en la que el analista pasa a ser el otro del delirio ocupando una función paterna que estabiliza, hasta que pueda darse algún tipo de construcción fuera del analista que pueda hacerle de suplencia o soporte.
Hay que tener en cuenta también la diferencia que hay entre tratar a un paciente psicótico estabilizado, otro en plena crisis, uno que no las haya tenido todavía, porque puede cambiar el trabajo analítico.
El psicoanálisis con todo este trabajo, en el que la transferencia tiene unas peculiaridades que hemos visto, ofrece, a través de la escucha, otro discurso al de la psiquiatría que usa los medicamentos e internamientos como única forma de abordar el tratamiento, que, a mi parecer, no hace más que inmovilizar y procurar que el paciente no cause problemas; “como camisa de fuerza química”.
Mario L. Forniés Cardiel