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Mayo 2008 Archivos

Mayo 15, 2008

TRANSFERENCIA EN LA PSICOSIS

He elegido este título porque creo que define en muchos casos la posición particular de la transferencia con este tipo de pacientes. Cuando con la neurosis tenemos un sujeto/paciente que hace una demanda al analista, a un Sujeto supuesto Saber, con la psicosis tenemos un Sujeto supuesta Certeza, un paciente que sabe y un analista que se pregunta.

Esto se puede apreciar en el discurso analítico que aparece en la mayoría de estas curas; es diferente, esta invertido. Mientras en la neurosis en el lugar del agente tendríamos al analista en posición de objeto que se dirige al sujeto/paciente, en la psicosis el paciente se sitúa en el lugar del agente y por tanto, en posición de objeto, y el analista queda como sujeto dividido.

El paciente en este lugar, de certeza, de objeto causa, causa de enigmas para el analista, habla, y habla de la interpretación que da a lo que le pasa. Interpretación que casi siempre estará mediada por el delirio, el cual es su saber, en el lugar de la verdad de su discurso.

En la mayoría de los casos el sujeto psicótico no hace una demanda, aunque algunas veces puede hacerla en los momentos anteriores a una crisis, en los que tiene sensaciones, se asusta, se angustia, no tiene explicación para lo que le pasa y presiente la”locura”.

Si finalmente se produce algún tipo de lazo en la cura, éste será que el analista forme parte de ese delirio, es decir, el analista es tomado en el delirio del paciente. Se denomina a esto erotomanía, y se puede decir que es la modalidad de la transferencia en las psicosis.1

Sería conveniente que el analista supiera de las características antes mencionadas para actuar en consecuencia y no provocar un brote. Para esto deberá saber que cuando entre a formar parte del delirio, es posible que haga la suplencia del Nombre del Padre durante un tiempo hasta que éste pueda evolucionar.

El delirio estabiliza al sujeto psicótico porque suple a la función paterna faltante, y esto se ve en la temática de los mismos, normalmente en torno a la figura de Dios.
Creará la función del padre con su delirio ya que, a diferencia de lo que ocurre con las neurosis, en que la función paterna debilitada es sostenida por el síntoma, en este caso no existe Nombre del Padre que sostener, esta forcluido, y lo tendrá que crear.

Esto es importante para la transferencia y el tratamiento, ya que esta función, la del
padre, al ser inexistente tendremos un serio problema cuando la abordemos, y más si queremos restituirla.

Al quedar anclado en un primer tiempo Edípico imaginario con la madre, ya que el segundo, de la interdicción paterna, está forcluido, y por tanto el tercero de la
Castración también, se puede apreciar una falta de anudamiento simbólico.

Lo real y lo imaginario, entonces, actúan de un modo no atemperado por lo simbólico, lo que provoca un goce imperativo, al que hay que intentar poner límites, contener.
El analista, como ya he comentado antes, puede hacer de esa función durante un tiempo, hasta que pueda encontrar un síntoma, o a veces también un amor, que mantenga anudados los tres registros.

Entonces lo que nos queda es una “ortopedia imaginaria”que cumple una función estabilizadora, y cuando ésta falla es cuando se puede desencadenar la psicosis.
Este soporte ortopédico que en la cura analítica recae sobre el analista, ya que el paciente encuentra en él un espejo en el cual mirarse, suele preceder al de la tranferencia erotomaníaca, antes comentada, en la que el analista pasa a ser el otro del delirio ocupando una función paterna que estabiliza, hasta que pueda darse algún tipo de construcción fuera del analista que pueda hacerle de suplencia o soporte.

Hay que tener en cuenta también la diferencia que hay entre tratar a un paciente psicótico estabilizado, otro en plena crisis, uno que no las haya tenido todavía, porque puede cambiar el trabajo analítico.

El psicoanálisis con todo este trabajo, en el que la transferencia tiene unas peculiaridades que hemos visto, ofrece, a través de la escucha, otro discurso al de la psiquiatría que usa los medicamentos e internamientos como única forma de abordar el tratamiento, que, a mi parecer, no hace más que inmovilizar y procurar que el paciente no cause problemas; “como camisa de fuerza química”.


Mario L. Forniés Cardiel

LA TRANSFERENCIA EN / DE / CON / POR / HACIA / … LA PSICOSIS

Muchos autores han tratado de categorizar, explicar y definir la (o las) psicosis y sus fenómenos en función de su propio sistema simbólico de referencia, haciendo más hincapié en determinados aspectos de las dificultades del sujeto psicótico. Esto es hasta cierto punto lógico, ya que suponiendo que el autor no sea un psicótico, su sistema de referencia, presumiblemente neurótico y parcial, no va a poder dar cuenta de una totalidad que le resulta ajena, sino a partir de una cierta y limitada relación con algunos determinados aspectos del psicótico al que se pretende categorizar, explicar o definir, para los fines a que sirva nuestro presunto neurótico autor.

Ya desde los orígenes mismos del psicoanálisis, las controversias sobre la analizabilidad o no de los sujetos psicóticos, o la abordabilidad de los fenómenos de la psicosis ha estado en el candelero. El mismísimo Freud afirma que el psicoanálisis no puede aplicarse en sujetos psicóticos, en los que resultaría contraproducente y negativo. Algunos de sus discípulos, sobre los que llega a planear la sombra de la psicosis, se interesarán por los psicóticos y aplicarán a sus dificultades técnicas psicoanalíticas.
Lo ortodoxo o no del psicoanálisis con psicóticos, o niños, entre otras prácticas, abrirá décadas más tarde la distinción entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado.

Pero nuestro tema de hoy va más allá de si el trabajo con un sujeto aquejado por la (¿una?) psicosis es o no un psicoanálisis sensu stricto. ¿O no? En realidad, una de las dificultades que se nos plantea para pensar el trabajo posible con un paciente psicótico es el estatus que tiene el inconsciente, qué forma de transferencia es posible, y vía qué tipo de relación podemos intentar introducir alguna diferencia en un funcionamiento poco operativo (sería una forma eufemística de denominar un síntoma que hace padecer al paciente).
Claramente, nuestro propio sistema, tanto imaginario como simbólico y conceptual va a permitir mayor apertura o no en cuanto a las posibilidades de pensar a nuestro supuesto sujeto paciente, y esto no es sin efecto sobre el trabajo a realizar.

Tomando las obras de tres autores que durante el mismo siglo observaron pacientes en similares dificultades, nos encontramos con diferencias de bulto, que podemos tomar para pensar:
- Kanner encuentra en los autistas a sujetos muy perturbados sin apenas lenguaje con un extremo deseo de soledad.
- Asperger reconoció en ellos a sujetos con restricción en sus relaciones con el entorno, pero con un lenguaje bizarro, o con una particular simbolización, o el recurso al código matemático…
- Bettelheim explica estos trastornos por la inescapabilidad del sujeto ante situaciones exteriores muy aversivas, de las que el sujeto se defiende autoencerrándose, pero al mismo tiempo les atribuye una avidez de relación.

Es de fácil deducción y comprensión aventurar que, si el punto de vista de, en nuestro ejemplo, estos autores, es diferente, su observación, su interés y, por supuesto, su clínica no van a recaer sobre los mismos aspectos. Por lo que también podemos pensar que el sujeto sobre el que se pretende intervenir (sería entonces un sujeto o un objeto de nuestra intervención?) no va a ser el mismo.

Por supuesto, también podemos pensar sobre otras perspectivas clínicas que ven en estos perturbados un trastorno neuroquímico, un síndrome dopaminérgico, o …, como recurso a un código para construir (¿?) un sujeto (sujetado, en el sentido de Lacan de sujeto como aquel del que se habla) distinto en cada caso?

Entonces, como primer punto de reflexión, tenemos que la mirada del analista, del clínico, del observador, … MI mirada, puede estar orientada hacia determinados aspectos de aquel que se presenta ante mí, y que es mi relación particular con eso, que me muestra algunas cosas y no otras, la que abrirá (o cerrará) las puertas a lo que pueda dar paso… Desde este particular punto de reflexión arrancaba mi ambigua propuesta del título de la transferencia en, de o con la psicosis. Tal vez, yo, como sujeto supuesto neurótico, cuando me enfrento a algún sujeto supuesto psicótico, me encuentro no sólo con las movilizaciones +/- inconscientes (¿me habrá servido de algo?) contratransferenciales con ese posible futuro paciente, sino también con mi transferencia hacia la psicosis, no la psicosis que me trae el paciente, sino con La Psicosis, y lo que eso pulsa en mí.

Porque, como veíamos, si yo pensara que la psicosis de mi paciente es intratable, inmodificable, y que no hay estabilización posible, ¿qué podría regir mi trabajo con él o ella? Igual que es claro que si pensase en un conjunto de conductas a modificar o a extinguir, trataría de aplicar el método “adecuado”, la perspectiva de una posibilidad de apertura, de cambio, aunque sea de forma asintótica y muy en el horizonte, puede marcar un mínimo de ánimo y esperanza para iluminar un complejo trabajo desde el silencio aparentemente inmóvil, invisible.
Por esto, opino que siempre es preferible atribuirle alguna subjetividad a nuestro paciente, alguna potencia, aun desconocida para nosotros, que una clasificación inmovilista, inmovilizadora igualmente para clínico y paciente.
Esa experiencia de ser traído a escena por el paciente, de ser resaltado del fondo, sacado del paisaje, tras un periodo de aparente invisibilidad, nos devuelve la confianza en una orientación, en una prudencia, en una apertura a dejarse sorprender por lo inesperado, lo imposible, lo real.

Otro punto sobre el que me gustaría reflexionar es sobre la diferencia estructural (o no) entre neurosis y psicosis. Una visión continuista pretendería que existe un continuum neurosis – psicosis a lo largo del cual se sitúa y por tanto se puede localizar a todo sujeto. Pero la clínica nos muestra que no existe tal continuum, o que caso de poderlo formular, más o menos, no es sin discontinuidades que resulten insalvables. Uno no puede desplazarse por la barra de la neurosis hacia la psicosis o de vuelta sin tropezar.
Como tampoco hay ni siquiera similitud, parecido o continuidad entre la angustia tal como aparece en ambas estructuras. Aunque utilizamos el mismo término, angustia, creo que no obedece al mismo fenómeno, o al menos a una manifestación de la misma cosa.
La angustia en un sujeto neurótico parece referir o amenazar con la indiferenciación, con una cierta desaparición del yo, mientras que en psicótico, en el que no encontramos un yo diferenciado que pueda indiferenciarse, la amenaza que supone la angustia raya con la desaparición, la aniquilación, la pérdida de lo mínimo, de esos pequeños fragmentos que nuestro “sujeto” psicótico ha podido sujetar precariamente, a menudo por medio de un artefacto que supla la función fálica, que abroche con hilvanes su tejido…

En cuanto a la transferencia, si la pensamos como la relación inconsciente de un sujeto que atribuye …, es fácil pensar q no se puede producir la transferencia en la psicosis, o q caso de producirse, sea una transferencia que por psicótica pueda ser persecutoria, más o menos amenazadora, erótica… por relacionarse con el Otro.
Pero nos encontramos con fenómenos transferenciales en sujetos psicóticos. Se deberá esto, como algunos se aprestan a introducir, a una cierta parte neurótica que en todo psicótico cabe la posibilidad de hallar? ¿En qué quedamos, hay una estructura (tal vez no completamente cerrada, si puede admitir partes o aspectos de otras estructuras), o es un continuo a lo largo del cual se sitúa cada caso?
Al fin y al cabo, es un referente teórico que hace a la necesidad del clínico para comprender y asimilar los hechos de su práctica, pero como necesidad del clínico, tal vez atienda más a dicha necesidad que a la de la propia entidad de la psicosis y sus fenómenos, entre los cuales la transferencia tiene su propia realidad a trabajar.


12/03/08
Fernando Laguna

ESTABLECER DIÁLOGO

La premisa de inicio para que se abra la posibilidad de un encuentro, es estar ahí. Parece algo realmente obvio, pero no lo es tanto cuando se trata de encontrarse con aquello que se denomina psicosis. Frente a cualquier arquitectura conceptual y psíquica, proponemos siempre otra, la propia. En este contraste y según sobre que parámetros nos movemos se puede conectar de manera más rápida o más rápidamente quedar lo más lejos posible del discurso de nuestro interlocutor. Miedo, angustia, desconocimiento son factores que determinan la posibilidad del diálogo o más bien la concurrencia simultánea de dos monólogos. Asusta por lo general el miedo de lo que se siente, teniendo una noción de que lo que sentimos no lo elegimos, se siente y luego toca ver que hacer con ello. Dentro de lo que sentimos esta también aquello que nos transmiten los otros.
Siempre son barreras personales las que dificultan el acercamiento a al idiosincrasia de una fenomenología particular.

Para partir de la base en cualquier relación se toman las primeras interacciones existentes, sabiendo que la tendencia es a completar imaginariamente aquellos aspectos que no podamos ubicar en el momento. De aquí la dificultad en conocimiento acerca de las personas. Este modo de proceder resulta realmente importante englobado dentro de un encuadre terapéutico, no se trata de una relación cualquiera. Hay un motivo y unos objetivos. Dentro de estos primeros despliegues será interesante pode situar el material que hay en juego para trabajar. Existe una idea generalizada de empezar por lo que falta, ya que suele ser lo que más angustia, perdiendo la perspectiva de lo que ya hay.

Desde luego que no es conversar por conversar, no es un dialogo cualquiera, es un proceso de búsqueda de indicadores muy concretos sobre la experiencia vital de la persona. Esta desplegara mediante sus actos y sus palabras y la persona ubicada en la posición de analista intentará trabajar con aquello a partir de su experiencia personal en la vida y de su formación profesional.
Dentro del nivel de la relación hemos de tomar sus elementos constitutivos por un lado los actos, mientras que por el lado de la conversión tomamos los la lengua y el habla “la estructura misma del discurso psicótico, junto con el modo de diálogo del discurso que proponemos, constituyen una verdadera semiología en el sentido propio del término”.
Así estos indicadores o signos nos interesan no por su concreción a una referenciación de un estado o trastorno pensado en una dialéctica causa-efecto, sino más bien a su aspecto funcional dentro del contexto de los demás signos , donde incitan a buscar una red de significación. Para ello es necesario poder tomar esos signos tal y como se presentan sin relacionarlos a otros contextos (signos) que los del paciente (los propios por ejemplo) ya que esto nos aparta sustancialmente de la realidad clínica que se nos presenta. He aquí una importante dificultad ya que como sujetos a nuestra propia red de significaciones, estas se ponen en marcha automáticamente.

Otro aspecto importante a considerar es la aproximación a las psicósis en referencia al carácter objetivo de la experiencia de realidad, situando “la experiencia de realidad constituye un problema inherente a nuestra praxis y según la cual tal experiencia no es por naturaleza ni puramente objetiva ni puramente subjetiva” A partir de aquí esta la posibilidad de encuentro. El transitar por la experiencia barajando los elementos que nos acompañan, así como teniendo en cuenta los modos de funcionamiento que los determinan.
El compromiso atañe a las dos partes, del orden del analista a la hora de tener en cuenta los factores que se han indicado para que no imposibilite captar el código que se le transmite. Por la parte del sujeto esta la responsabilidad con respecto de su malestar y sobre todo la posición que el adopta sobre ello.

Zaragoza Abril 2007
David Gimeno Lanuza

A propósito de Daniel Paul Schreber

En otoño de 1884 Schreber se presentó como candidato al Reichstag, Cámara baja del parlamento, intento en el que fracasó.
En el mes de octubre es internado en el Asilo de Somnestein y al cabo de una semanas es trasladado a la clínica Psiquiátrica de Leipzig cuyo director es el Profesor Flechsig y quien se encargó de los cuidados de Schreber. Fue diagnosticado como padeciendo una hipocondría.
Fue dado de alta en junio de l885, curado y el 1ro. de enero de 1886 inicia su actividad en el tribunal regional de Leipzig.
A raiz de esta enfermedad y del tratamiento impartido por el Prof. Flechsig, tanto Schreber como su mujer tomaron fe y admiración en Flechsig al punto que la mujer conservaba una foto del Prof. sobre su mesa de noche y Schreber comunica que le había entregado a Flechsig un holgado honorario cuando se fue a despedir de él. El período de salud relata Schreber duró siete años durante los cuales vivió una vida de completa felicidad y honores derivados de su posición social, solamente empañada por el fracaso en sus deseos de paternidad ya que a pesar de varios intentos la esposa no había podido retener su embarazo. Este es un punto a retener ya que este se constituye en un nuevo intento en asumir un lugar que implica un posición en función paterna.
En 1893, en junio se le informa de su próxima designación para el Superior tribunal, iniciando su actividad como Senatspräsident.
Cayó enfermo nuevamente, esta vez con ideas persecutorias y sueños sumamente amenazante y habiendo tenido una experiencia en estado de duermevela en la que sintió "que hermoso sería ser mujer en el momento del acoplamiento"
Esto lo llevó nuevamente a la consulta con el Prof. Flechsig quién había quedado para Scheber como una referencia tanto para Schreber como para su mujer como alguien cercano a un dios (después Fleschig participará en los delirios como un dios). Pareciera que frente a la intranquilidad de Schreber quién ya tenía su persecución homosexual ante la cual reaccionaba violentamente y sus resistencias a quedar en la clínica de Fleschig, éste en un intento de calmarlo le dijo. que había nuevos métodos y que le iban a dar algo que lo iba a hacer entrar en un sueñito..., esto para Schreber se constituyó en la cristalización de la amenaza de ser sometido y humillado por hombre, lo que constituyó buena parte del delirio y del atroz sufrimiento de Schreber. Hay que hacer notar que el nombramiento como Senatspräsident se había constituido como un nuevo llamado a ocupar un posición en función paterna ya que sería el presidente del Tribunal superior cuyos miembros lo superaban holgadamente en edad. Quedó internado nuevamente en la Clinica de Leipzig el 21 de noviembre de l893, pero ya la relación con Fleschig había cambiado, ya había entrado este en el delirio de persecución y su permanencia en la clínica se hacía difícil y el 29de junio de l894 es trasladado al asilo de Somnestein.
El delirio de Schreber había sufrido una transformación ya que su relación persecutoria con los hombres y en consecuencia su fantasmática homosexual se había transformado en una relación privilegiada de amor con dios de quien mediante una emasculación y transformación en mujer daría a luz hombres schreberianos que sentarían una nueva humanidad. Su posición de humillación y rebajamiento moral mediante esta transformación había dado lugar a una posición megalomaníaca que se mantuvo así estabilizada.
Entre 1900 y 1902 escribe sus memorias que también estaban a dar cuenta de sus padecimientos y a servir a la ciencia y las religiones mediante los esclarecimientos que producía Schreber, A la par inicia la acción judicial para ser dado de alta, lo cual se efectúa el 20 de diciembre de 1902. En l903 se publican sus memorias.
En diciembre de 1907 es internado en el asilo de Dösen. Muere en abril de 1911.

Pedro Montagut

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