Inicio | Entre conexiones…….. »

A vueltas con la transición

Si tu madre no te ha sonreído,
de nada servirá que lo hagan los dioses.


Entendemos que cuando Winnicott habla de objeto (y fenómeno) transicional, se refiere a aquellos que posibilitan una transición. Obligados estamos a preguntarnos cuál es el tránsito que se realiza, si debe realizarse y si es tal que sin él vamos a entorpecer nuestro devenir en humanos.
Son varios los autores (J. Lacan, Leo Vigotsky) que plantean la necesidad del lenguaje para la constitución del sujeto. Un sujeto mayormente social, en tanto que sujeto a su relación con los otros y con los significantes que le preceden y que (si todo va bien) le seguirán. Ese sujeto que construye la consciencia de sí mismo a través de la interiorización de un lenguaje que le permite una simbolización de la realidad (que en ese mismo momento de ser simbolizada deja de ser real) y la contrucción de un mundo ficticio, un mundo imaginario del que esa misma noción de “yo” va a estar fundamentalmente nutrida.
En esta ocasión vamos a plantear que este tránsito no es sino un tránsito desde el llamado narcisismo primario al narcisismo posterior o secundario. Ambos términos poco perfilados en sus límites pero que claramente apuntarían al mundo de la llamada célula narcisística (estado de fusión entre el bebé y el mundo) el primero y a una situación posterior en la que es posible la existencia de objetos separados e independientes; entre los que incluimos por supuesto la madre y el resto de seres que el bebé puede reconocer como separados de él y con entidad propia.
Vamos a llamar X a nuestro bebé que comienza su transición desde la célula narcisística (o antes incluso si consideramos que está ya inscrito en la novela familiar), ante la dificultad que supone referirse a un ente cuya noción de sí mismo va a cambiar radicalmente en este recorrido que vamos a hacer junto a él. X además para remarcar la indefinición primera y la volubilidad posterior a la cual va a estar sometido, ya que la diferenciación entre lo que es y lo que no es va a costar unos cuantos meses de ser alcanzada. Y eso si todo va bien.

Tenemos pues a nuestro caso X en su célula narcisística, especie de magma en donde todo está fusionado (su cuerpo. los otros, los objetos, las necesidades y satisfacciones..) y sobre todo unas pulsiones que no entienden sino de ser satisfechas y que pugnan por serlo a cualquier precio. No importa nada más, porque nada más existe aún.
La madre, el pecho (o el biberón pese al decir de Winnicott ya que el cuerpo y los deseos de la madre siguen estando presentes) los juguetes y la cuna, las carencias y gratificaciones… están entremezcladas con él sin discontinuidad alguna.
X está en lo real, los objetos sin recortar, nada está simbolizado y nada permite demorar la gratificación sin pagar un alto precio. Estado de omnipotencia y Gestalt, tan necesario inicialmente, como necesario será su gradual y progresivo abandono: el tránsito.

Postulamos que a lo largo de este tránsito es en donde se van a anclar con mayor o menor fuerza (y por este orden) las psicosis, las paranoias, las psicopatías y las perversiones.

Dicho en plural porque ni son todos los que están ni están todos los que son, ya que nos decantamos por una clasificación psicodiagnóstica que es ni más ni menos una cuestión de grado, esto es, cuantitativa respecto al déficit en el tránsito de un narcisismo a otro.
Así pues, nos encontraríamos que en las psicosis hay una estructura que tiende a funcionar mayormente de esta manera como se plantea en el narcisismo primario.

Comienza el tránsito. X empieza a delimitar donde termina su cuerpo y donde empieza lo demás, entramos en los fenómenos transicionales, en donde los objetos que precariamente comienzan a recortarse tienen aún una única función: la satisfacción pulsional. Así, X chupará la sábana de su cuna para calmar su voraz pulsión oral alucinando el pecho materno, y comenzará a introyectar los objetos que como el pecho, el biberón.… le producen satisfacción (los llamados objetos buenos) y a proyectar los objetos que le producen malestar como la cuna mojada, la tripa cuando le duele, e incluso el mismo pecho materno cuando está ausente y lo necesita (son los objetos malos). Terreno abonado para la paranoia.
La diferencia de esta etapa respecto a la anterior es que, aunque parciales y precarios (M. Klein), hay objetos. Escindidos en ideales y persecutorios, todavía sin límites claros entre lo de afuera y lo de adentro, entre lo propio y lo ajeno. Pero hay objetos. X pugna por colocarse del lado de “los buenos”, identificarse con lo que le produce placer y satisfacción, pero la precariedad de su mundo le hace imposible todavía una estabilidad.
El ser está en juego, es el funcionamiento de las psicopatías.

Estamos a las puertas del narcisismo secundario. Una madre suficientemente buena, ha de permitir el surgimiento de los objetos tal como son: a veces buenos y a veces malos, a veces presentes y a veces ausentes. Y en la ausencia: la simbolización.
Sólo se simboliza lo que no está, lo que falta. Porque no hay necesidad de simbolizar lo presente. La simbolización permite evocar lo ausente, permite hacer “como si” estuviera. Lo mismo desde el juego simbólico como posteriormente desde el lenguaje, X va a poder representar lo que no está, atribuirle propiedades que no tiene o incluso crear lo que no existe. Objetos transicionales que le permiten soportar la ausencia de la madre, del pecho, de la gratificación. Separación definitiva entre sujeto y objeto: X ya es. Los objetos también. Pero no todo objeto puede representar la ausencia y calmar la angustia, no todo objeto sirve como objeto transicional y la crisis se juega ahora en el tener o no tener el objeto adecuado.
En ese tener o no tener en el que el perverso se ubica y que todavía ha de jugárselas con el Edipo y la castración. Aún queda camino por recorrer, pero la transición ha terminado.

Bien o mal. Este amanecer a lo humano, que es como una especie de corte simbólico del cordón umbilical, es el que nos deja como sujetos más o menos “armados” en nuestra relación con el mundo. X podrá ser uno más (siempre relativamente) o depender de otros o de los objetos que posea. Incluso en el caso del éxito de la neurosis esto va a ocurrir en mayor o menor grado. Pero una dificultad notable en el establecimiento del narcisismo secundario nos va a dar un notable déficit en la estructura del sujeto como tal. El psicópata depende de su víctima como el perverso de sus objetos.

Desde la clínica, podemos entender que el exagerado “egocentrismo” que se observa en estas estructuras, no es sino una sobrecompensación al déficit en su constitución como sujetos. Que esa violencia, ese sadismo, frialdad y falta de sentimientos, tiene su origen en un fallo en su constitución como humanos, en su construcción como sujetos, como semejantes, como personas. Los otros son solo un instrumento de satisfacción inmediata, y en el peor de los casos, una amenaza a la precaria integridad.

Espero que este escrito nos sirva para escuchar el grito desesperado que estas estructuras poco estructuradas lanzan por doquier: “Yo soy…”


10 de enero de 2007
Miguel Cañete Lairla

TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
http://quidem.org/cgi-bin/mt/mt-tb.cgi/2

Comentarios (2)

Miguel Cañete Lairla:

Conscientes de la necesidad de perfilar el término de Narcisismo Secundario, pretendemos matizar un estadio posterior al primario y de mayor elaboración

Hm... generally I agree with you, but I wonder what our readers would tell.

Publicar un comentario

Acerca de

Esta página contiene una sola entrada del blog publicada en Enero 10, 2007 5:19 PM.

La siguiente entrada en este blog es Entre conexiones……...

Puede encontrar más en la página principal o mirando a través de los archivos.

Powered by
Movable Type 3.35